Chavela: “Me iré pero aquí seguiré”

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Tuve la suerte de conocer a ‘La Vargas’ con 91 años y todavía rebosando vida, magia, arte.  Su cuerpo murió casi dos años después pero la voz de Chavela Vargas sigue sonando.

“Me voy a ir pero aquí seguiré, volveré y seguiré dictando las letras y las palabras que se necesitan para escribir un poema. Verás una luz, un atardecer, algo excepcional y sabras que soy yo”, le dijo a María Cortina, su amiga y biógrafa. “Ve a todos y diles que no me iré”.

Aquí os dejo la entrevista que la hice en agosto de 2010 en su casa de Tepoztlán, un rincón de paz y de recuerdos. Se publicó en la revista OSACA, dominical del grupo de periódicos españoles Ikal. Las fotos son de Clemente G.Sanguino.

CHAVELA: PURA VIDA, PURA MUSICA

chavela 6 pp blanco y negro‘Mi nombre es Chavela Vargas, tengo 90 años y estoy viva. Viva de tanto vivir, de tanto amar, de tanto gritar que estoy viva como la vida, como el color rojo”. Corría junio de 2009 cuando su amiga y representante María Cortina recogía estas palabras, justo después del espléndido homenaje que su ciudad, la Ciudad de México, le regaló. Un año después, tiene nuevo disco, Por mi culpa, a punto de salir en España. “No me da miedo nada”, dijo al presentarlo en la capital mexicana. Entonces hablaba por boca de Cortina porque su cuerpo, del que se declaraba harta, la dejó en la estacada, tendida en un sillón. Meses después, a finales de este verano, cuando algunos la daban ya por desahuciada, ‘La Vargas’ volvía a ser pura vida, aún anclada a su silla de ruedas. “Yo voy a caminar, dentro de un rato largo, pero voy a caminar y si no camino, pues ni modo (…) Y voy a hacer otro disco que va a ser importantísimo”, decía sonriente durante una entrevista quizás concedida por ser un medio de su “adorada” España; quizás por puro coraje, para demostrar que todavía tiene mucho que decir.

-¿Por qué un disco a los 91 años?
El año pasado, pensando en la vida que me queda, me dije, tienes 90 años pero todavía no acabas y este sueño lo hago realidad: Chavela Vargas es capaz de producir su propio disco porque me da la gana, como me da la gana y con quien me da la gana. Si me ponen a montar a caballo, creo que no, pero un disco, música, eso lo siento en el alma.

-Y aquí está ya, grabado y producido por usted, al margen de las discográficas y con muchos amigos.
Las discográficas son una porquería, eso no quiero ni discutirlo, me deben una cantidad de millones… Que se lo guarden, para qué quiero yo dinero, total, por eso rueda porque es redonda la moneda. El dinero no es importante, por eso no tengo nada. Los amigos sí. La amistad es el más grande tesoro, una apuesta. Yo he perdido pero he ganado más. En este disco me rodeé de amigos, de (Joaquín) Sabina, por ejemplo, que lo adoro, un papel que encuentra en la calle lo escribe y me lo manda, muy simpático.

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-Además de la amistad, su vida la han marcado palabras como libertad, coraje, soledad…
Libertad quiere decir soledad y yo soy libre, para la política, el amor, la gente. La libertad vale más que nada en el mundo, más que nada, pero tiene un precio. Y eso se lo quiero decir a los jóvenes.

– ¿Planea algún encuentro con gente joven?
Sí. Quiero hablar con los jóvenes de cualquier parte del mundo, de tú a tú, que me digan qué sienten y yo, con un poquito de experiencia, les puedo enseñar. Es raro. La gente joven ve las cosas diferente y yo las veo a mi edad, pero les comprendo más que muchos, comprendo sus sentimientos, su manera de llorar, me dan mucha ternura.

-Y además de en la libertad y la amistad ¿en qué cree Chavela Vargas?
Creo en Dios, pero no en que lo rodea. Y soy chamana. Amo esa vida de sentir el mundo, tan pequeño, reducido a lo espiritual, a una cosa bellísima.

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La casa de Chavela en Tepoztlan. Al fondo el Chalchi

Cree también en la belleza. En su casa en las afueras de Tepoztlán, un pequeño pueblo a una hora del Distrito Federal, ve pasar los días, mirando al Chalchi, un peñasco que brota tras una vivienda sencilla y luminosa, rodeada de un bonito jardín. De vez en cuando, llega algún amigo a visitarla, no muchos. “Valoro más la calidad que la cantidad”. El resto del tiempo disfruta de su soledad, de sus perros Lola, Joaquín y Toby , del silencio que dice romper al hablar con los que se fueron antes. Y siente, lee, sueña. “Estoy empezando a vivir otra vida, sin dejar la mía, es extraño pero… quizás por eso invento tanto”.

-¿Y qué maquina ahora?
Ahora voy a hacer otro disco y va a ser importantísimo no porque sea mío sino porque hace muchos años que sueño con hacerlo. Ya lo verán. Será de canciones mexicanas, pero diferentes, al tango o a la música ranchera les voy a cambiar el ritmo y… no digo más que me van a copiar. Al final, toda la música es lo mismo, un grito de angustia, de alegría, todo coincide en ella.

– Planes no le faltan.
Tengo muchas cosas que descubrir todavía, a pesar de la edad porque uno no termina de aprender nunca en la vida, en el amor…

-Amores que escandalizaron en ocasiones por ser mujeres también sus destinatarias.
La gente se ha escandalizado pero no hay tal. Yo no creo que con escándalos se triunfe. Yo he sido indomable, desde niña peleaba por todo. He defendido siempre mi verdad ante quien fuera, nunca altanera ni ofendiendo, sino respetando la sociedad en la que vivo, pero mi verdad. Mi vida es mía, la tengo bien guardada pero, eso sí, he amado no solo con el corazón, sino con la vesícula, con el hígado, con los riñones, con todo.

DSC_3842Al preguntarla sobre su mejor época, si fue aquella junto a Frida Khalo, Diego Rivera, Agustín Lara…, su etapa de éxitos en los 50 cuando se codeó con medio Hollywood en Acapulco, sus borracheras con José Alfredo Jiménez (el mayor compositor mexicano cuyas canciones ella hizo famosas fuera) o el regreso a los escenarios de mano de Pedro Almodovar, se queda pensando, sin querer elegir, orgullosa de haberlo vivido todo, lo bueno, lo malo y lo peor, sin arrepentirse de nada. “Tengo un baúl imaginario lleno de recuerdos, ahí los voy metiendo pero no me llegan a orillar, no me hacen sentir triste, aunque algunos duelan. Recordar es vivir un poquito, por eso yo no recuerdo mucho, porque desvivo. Pero me divierto y veo las cosas preciosas, soy feliz”.

-¿Está entonces satisfecha con su vida?
Le doy gracias a la vida, como decía Violeta Parra, a la Señora Vida, que me ha dado tanto y me sigue dando. Por ahí andan las dos, la Vida y la Muerte y la Vida le dice a la Muerte ‘espérate tantito, deja a Chavela tranquila, luego hablamos’.

-¿No tiene miedo a la muerte?
No, para nada, me parece un paso precioso si estás preparado. Tienes miedo a lo desconocido pero yo a la muerte ya la conozco.

– ¿Por qué ese era su papel en la película “Frida”?
Ja,ja. (En los escenarios, como dice Pedro Almodovar, “Chavela abre los brazos como nadie”. Ahora es su sonrisa la que lo llena todo bajo sus gafas negras) Sí yo era la muerte y estaba tratando de embaucarla para que bebiera, ja,ja, preciosa escena. No, conocí a la muerte porque he muerto muchas veces en vida, me sentía tan mal que seguramente estaba muerta. Al rato, volvía a hablar… y ahí nos íbamos.

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-¿Fue cuando el alcohol la atrapó, durante los 30 años de parrandas?
¡Esa fue la época más simpática de mi vida!. Yo pasaba por una cantina y las botellas de cerveza decían ‘ahí viene la Vargas, nos va a tomar’ y se escondían allí en el Tenampa (el bar de rancheras más famoso del D.F.) Y José Alfredo y yo borrachos los dos… esas madrugadas maravillosas que todavía la luna no se ha ido porque está peleando con el sol y le decía ‘vete, deja a Chavela que se divierta con mi luz’. Y todo lo veía requetechulo.

-El momento más duro fue entonces decir ‘está copa es la última’.
Fíjate que sí. Es una cosa terrible, ahí intervienen no los sueños de artista sino los de ser humano. Yo me sentía muy bien cuando bebía pero los demás no y me dije ‘tienes que escoger Chavela’, y elegí dejar de beber. Una mañana le dije a la muchacha, ‘dame la última copa’, no se lo creyó pero me la tome y hasta aquí. Hace 25 años, aunque todavía lo echo de menos, como el cigarro.

-Fue en el Bulevar de los Sueños Rotos, la calle que Sabina hizo famosa.
Ay sí, todo el mundo se tropezaba por las noches en esa calle donde vivía. Un día pasó el alcalde para invitarme a una copa y cuando le dije que no, dio un discurso… ‘Hemos sufrido una gran pérdida, Chavela ha dejado de tomar’, ja,ja, y me decía ‘¿Ahora con quien bebo?’ Pues vaya y busque otra, dije.

Costarricense de nacimiento -“regresé una vez pero allí no me quieren, ¿entonces para qué volver más?”-, el país que siente verdaderamente como suyo es México, al que huyó siendo casi una niña, escapando de una infancia dura llena de recuerdos turbios. Y España es su gran enamorada, donde volvió a triunfar de mano de Pedro Almodóvar a la edad en la que otros se jubilan. “A mí me fascinaba después de un concierto irme con Pedro de la mano, solos, caminando por Madrid”.

chavela casa 3 IMG_3799-España la dio la máxima distinción, la Gran Cruz de Isabel la Católica en 2000 pero curiosamente fue el presidente más de derechas que ha tenido, José María Aznar.
Para mí es el honor más grande del mundo, cuando me terciaron la banda con el escudo y me leyeron mis obligaciones a la corona de España. ¡Precioso! Fue un revivir, como si me hubiera ganado 50 millones de dólares, yo creo que más.

-¿Que la reconozcan su trabajo desde la izquierda y desde la derecha significa que ya nadie la juzga?, como dice su canción.
Eso. Y más con la Cruz. Voy a una fiesta, me pongo un botoncito para no llevar la grande y todo el mundo dice ¡pásele! (y hace una pequeña reverencia)

-¿Dónde nace el amor a España?
Pregunte a los españoles por qué me quieren. Mi España adorada, quiero decirte que te estás portando muy bien, sigue así por el mundo, porque me conquistaste a mí y yo a ti, un extraño maridaje. Muchas veces la recuerdo y hay noches en que me traslado en sueños a Pinar 21 (en Madrid) donde estaba la Residencia de Estudiantes.

-¿Y su querido México que ahora pasa por momentos tan complicados y violentos?
Me reservo el comentario porque no soy política. Si lo fuera, sería presidenta de la República, ja, ja, bien sabe Dios que sí. Pero mi México lo amo, lo respeto y espero. Esto es un paréntesis, un tropezoncito, esto se acaba pronto.

Unos cohetes interrumpen la conversación. “Ves me saludan con una salva de 21 cañonazos”, bromea. Son los coletazos de alguna de las muchas fiestas que cada fin de semana se celebran en Tepoztlán, su refugio desde que se retiró de los escenarios, después de décadas de trabajar para hacerse “un nombre”, Doña Chavela Vargas, convertido ya leyenda, y unido a una voz desgarrada que mantiene viva, como demostró al entonar durante la entrevista unas estrofas de su canción “¿A dónde te vas, paloma?”, una de las novedades del último disco.

Y mirando al Chalchi, recuerda otra, una de sus favoritas, “Las simples cosas”. “Me haría una placa con solo una frase de esa canción ’uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amo la vida’, ¡fíjate que bello!”.

– ¿Y usted regresó?
-Sí (sonríe) ya he regresado y me fue bien porque regresé. De niña decía que algún día me vengaría de quienes me atacaban. Y sí, lo hice, a lo bueno claro. La muestra es que aquí estoy. No pudieron conmigo.