Sicarias, narcas, halconas, muleras…

Cada vez hay menos sectores vetados para las mujeres y el narco no es una excepción. 

Antes su reación era generalmente vía del marido/novio/amante aunque con excepciones, como la de Ignacia Jasso, La Nacha, que en los años 20 del siglo pasado encabezó el asesinaro de cinco criminales chinos que controlaban el comercio de opio en Ciudad Juárez y dio origen al cártel que lleva ese nombre, según la versión del investigador Francisco Cruz Jiménez.

Desde entonces las mujeres han llenado las cárceles mexicanas sobre todo por ser muleras, las que transportan pequeñas cantidades de droga. También están entre rejas otros personajes más glamurosos  como Sandra Avila Beltrán, La Reina del Pácifico, encarcelada por sus vínculos con el crimen organizado y supuestamente encargada de operaciones de lavado de dinero.

Pero entre unas y otras, han ido apareciendo mujeres en todos los escalafones del crimen organizado, como las halconas, que son las que vigilan una zona a sueldo de un determinado grupo criminal para avisar quién entra y quién sale, y lo que más ha impactado en México, las sicarias, como cuento en una nota publicada hoy por La Gaceta.  

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