Acapulco, aquellos maravillosos años…

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“Del glamour a la guerra del narco” es un reportaje de febrero de 2011 pero sigue vigente en muchas sentidos.

Es justo la cara de Acapulco que todos los órdenes de gobierno llevan meses queriendo lavar, gracias incluso a la ayuda del hombre más el hombre más rico del mundo, Carlos Slim, que anunció el año pasado inversiones por valor de 4.000 millones de pesos para reactivar un turismo.

La situación en el puerto ha mejorado un poco con respecto a 2011 y 2012. Pero tras el ataque de un grupo armado a los turistas españoles, en el que seis mujeres fueron violadas, es bueno recordar que los problemas de Acapulco no están soluciondos. No mirarlos de frente es peligroso.

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Ni seguridad, ni derechos

En México, la ‘guerra’ (redenominada oficialmente hace un año ‘estrategia’) contra el crimen organizado que lanzó el presidente Felipe Calderón en 2006 ni ha dado más seguridad a los ciudadanos ni ha garantizado sus derechos, solo se ha traducido en ejecuciones, desapariciones y torturas.

Lo dice la organización Human Right Watch en su último informe, un texto muy crítico con la actuación de las fuerzas de seguridad y que documenta 170 casos de tortura, 39 desapariciones y 24 ejecuciones extrajudiciales cometidas en los 5 estados donde realizó sus investigaciones durante dos años: Baja California, Chihuahua, Guerrero, Nuevo León y Tabasco. Estos casos parecen ser la punta del iceberg de una política anticrimen que muchas veces viola el Estado de Derecho porque recordemos que dos de los estados más peligrosos en estos momentos, Tamaulipas y Veracruz, no están incluidos, como tampoco otros donde la violencia es intensa como Sinaloa, Estado de México o Coahuila.

El informe no tiene desperdicio. Habla de cómo el Estado mexicano se ha olvidado de la presunción de inocencia y considera que la gran mayoría de las 45.000 muertes vinculadas al narco son hombres, mujeres y niños que en ‘algo’ estarían. ¿Cómo lo saben -se pregunta HRW- si de todos esos asesinatos solo se investigaron 997 casos? Pero incluso cuando la justicia actúa no lo hace con rigor: de ese millar de averiguaciones previas sólo salieron 22 condenas… ¡¡de 45.0000 homicidios!! 

El documento, que señala el “fracaso” de la política del presidente Felipe Calderón, incluye testimonios que la prensa mexicana reproduce con titulares como estos: “Me empezaron a tocar el cuerpo”,  “‘Si quiero te mató’… y tuvo que confesar”, “‘Eviténse problemas’, dijo el coronel”.

También denuncia cómo el crimen y la inseguridad ha llegado a todos los ámbitos de la vida,  del gobierno a los periódicos, escuelas u hospitales (nadie se libra de las extorsiones), del ocio (la vida nocturna no existe ya en algunos lugares), a los negocios (las empresas de transporte, por ejemplo, reconocen off the record que gastan tanto en sus servicios de seguridad como en pagar las ‘cuotas’ para que les dejen pasar sin problemas por ciertos lugares y hasta el BBVA decía en una reciente rueda de prensa que  sólo en los países en guerra ha crecido la inseguridad  tanto como en México).

Asimismo, el informe explica cómo militares o policías contaminan y manipulan escenas del crimen, por ejemplo, para ‘sembrar’ armas a civiles abatidos y justificar así sus errores y cómo aunque crecen las denuncias en su contra no crece la justicia. Dos casos muy polémicos en los que estas prácticas quedaron al descubierto fueron el asesinato en marzo de 2010 de dos universitarios en pleno campus del Tecnológico de Monterrey,  a los que se quiso hacer pasar por sicarios, y la muerte de dos niños un mes después en un reten militar de Tamaulipas, un error que el ejército intentó justificar colocando armas la zona para simular que hubo un enfrentamiento con narcos.

Mientras tanto,  el gobierno insiste en que hace lo justo, en que los que violan los derechos humanos son los criminales (¿se olvida de que por eso se les denomina así, a diferencia de las supuestas ‘fuerzas de seguridad’?). Y está claro que entre aquellos que sufrieron vejaciones también hay culpables de delitos pero eso no justifica esas acciones, sino todo lo contrario, desacredita la actuación la ley y la justicia mexicana.

A Felipe Calderón  le quedan meses de gobierno y parece que no quiere pasar a la historia como el presidente que convirtió México en un territorio en guerra, sin líneas de fuego ni bandos definidos, lo que hace que la violencia llegue por cualquier lado y sea mucho más peligrosa. Por eso hace poco que inició un diálogo con las víctimas o algunas reformas legales que, aunque positivas, todavía están por concretarse (por ejemplo se acaba de aprobar en una comisión parlamentaria la ley para creación de una base de datos nacional de desaparecidos pero queda todavía un largo proceso legal y operativo para que esta petición que las víctimas llevan años exigiendo se convierta en realidad)

Los políticos, al final de sus días, siempre quieren lavar su cara y Calderón parece que ahora quiere convertirse en el ‘poli bueno’ de una estrategia en la que ha imperado la mano dura sin límites ni escrúpulos.

El informe completo está en http://www.hrw.org/sites/default/files/reports/mexico1111spwebwcover.pdf

México grita ¡Basta ya!

No más sangre. No más violencia.

Los mexicanos pueden decirlo más alto pero no más claro.  Lo han repetido en muchos rincones del país y a lo largo de dos caravanas por la paz, una que tuvo lugar en primavera y recorrió el norte. La otra acaba de terminar tras atravesar las zonas más conflictivas del sur. En total más de 10.000 kilómetros y dos reclamos: paz y justicia.

Pero las protestas civiles pacíficas no son, lamentablemente, las únicas expresiones de hartazgo. También hay quien quiere tomarse la justicia por su mano. O quien cree que las armas le garantizarán la tranquilidad.LEER REPORTAJE 

Un ‘mar’ de marihuana en el desierto

¿Quien dijo que en el desierto es terreno baldío?

Con dinero y tecnología se puede convertir en vergel. No hay más que ver la plantación de marihuana instalada por el Cartel de Sinaloa, el de ‘El Chapo’, en tierras áridas y deshabitadas de Baja California,la mayor nunca localizada en México, 120 hectáreas.

El gobierno federal, necesitado de éxitos en una guerra contra el narco marcada por las malas noticias,  no escatimó en gastos para mostrar su hallazgo y fletó un avión con un grupo de periodistas desde el DF (a más de 3.200 km) para visitar el lugar.  Dos casualidades: 1ª) días antes solo se hablaba del ejército por la decisión de Corte Suprema para que los militares que violan derechos humanos  sean juzgados por tribunales civiles; 2ª) se exhibía un golpe contra el grupo que más se vincula al ejecutivo de Felipe Calderón, el de “El Chapo” (algunos expertos consideran que los ataques a Sinaloa se hacen de vez en cuando para acallar precisamente esta tesis).

Y nada más llegar al plantío la primera pregunta es instantánea: ¿cómo no se había detectado una plantación tan grande como 120 campos de futbol cuando los cultivos de la zona son infinitamente más pequeños?.

 

Respuesta oficial: por un puñado de matas de tomate en los bordes que hicieron creer que era ese el producto que ocultaba el gigantesco techado de malla.

…¿dónde están?

Los desparecidos en México son invisibles aunque protestas como la de hoy en el DF, que exigen investigar todos los casos, intenten evitarlo. 

A unos se les perdió la pista durante la denominada guerra sucia (1970-1982). A otros durante la actual guerra contra el crimen organizado que comenzó en 2006. Podrían superar los 6.000 pero no hay registros oficiales, ni investigaciones, a veces ni denuncias, mucho menos culpables aunque los dedos acusadores caen sobre miembros del crimen organizado y autoridades corruptas casi por igual.

Cada día más mexicanos entran en este ‘limbo’. El viernes pasado, un comando armado se llevó a ocho  después de irrumpir a tiros en un bar del centro de Monterrey y matar a 20  (el fin de semana fue sangriento con 97 muertos en el país en solo 48 horas).  En casos excepcionales los  levantados aparecen vivos. Otras veces sus cuerpos alimentan fosas clandestinas que siembran de muertos el subsuelo del país. Las más, nunca aparecen. PERDIDOS EN EL OLVIDO (leer) son algunas de sus historias y de quienes no desfallecen en busca de respuestas.

Sicarias, narcas, halconas, muleras…

Cada vez hay menos sectores vetados para las mujeres y el narco no es una excepción. 

Antes su reación era generalmente vía del marido/novio/amante aunque con excepciones, como la de Ignacia Jasso, La Nacha, que en los años 20 del siglo pasado encabezó el asesinaro de cinco criminales chinos que controlaban el comercio de opio en Ciudad Juárez y dio origen al cártel que lleva ese nombre, según la versión del investigador Francisco Cruz Jiménez.

Desde entonces las mujeres han llenado las cárceles mexicanas sobre todo por ser muleras, las que transportan pequeñas cantidades de droga. También están entre rejas otros personajes más glamurosos  como Sandra Avila Beltrán, La Reina del Pácifico, encarcelada por sus vínculos con el crimen organizado y supuestamente encargada de operaciones de lavado de dinero.

Pero entre unas y otras, han ido apareciendo mujeres en todos los escalafones del crimen organizado, como las halconas, que son las que vigilan una zona a sueldo de un determinado grupo criminal para avisar quién entra y quién sale, y lo que más ha impactado en México, las sicarias, como cuento en una nota publicada hoy por La Gaceta.  

Lea:  Mujer, 16 años y sicaria al servicio de los Zetas

La Bestia

Es de hierro, ruge y devora personas…o las mutila.

‘La Bestia’ es el nombre con el que se conoce a los trenes de carga que cruzan México con indocumentados en el lomo. En uno de esos trenes iban los inmigrantes a los que se comió la tierra el pasado 24 de junio en Medias Aguas, Veracruz. Los que consiguieron culminar esa etapa del viaje, cuentan cómo el tren paró de repente en una zona solitaria, cómo hombres armados salieron de la nada y empezaron a meter a inmigrantes en las furgonetas que llevaban, cómo algunos escaparon escabulléndose entre los matorrales. 

El suceso tuvo poca o ninguna repercusión en los medios de fuera de México. La noticia repetida ya no es noticia es un drama. La Comisión Nacional de Derechos Humanos estima que los inmigrantes secuestrados cada año podrían llegar a los 20.000!!!!! sin que, en la mayoría de los casos, se conozca el paradero final de las víctimas.