El avance del caracol

 Zapata y la Guadalupana - Caracol de Oventic

((Reportaje publicado por el diario EL MUNDO, el 12 de agosto de 2013. Lo recupero hoy,  porque creo que la efeméride del 1 de enero lo merece))

La Realidad (Chiapas, México)

“Han cambiado tanto las cosas… quien lo iba a pensar… ahora estamos mucho mejor. No ha sido facíl pero hemos resistido y ahora nos gobernamos solitos aunque la vida sigue siendo muy dura”. Doña Rosario, una anciana de la comunidad, interrumpe la conversación porque desde el escenario hay un aviso. “Compañeros, compañeras, les ruego que se formen, vamos a empezar con la ceremonia”. “Vamos a cantar el himno del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Posición de saludo”. Doña Rosario está en primera fila y empieza a cantar, la mano en la frente, la frente alta.

“Vamos, vamos, vamos, vamos adelante/ Para que salgamos en la lucha adelante/ Porque nuestra Patria grita y necesita / De todo el esfuerzo de los zapatistas”. Las voces de más de un millar de indígenas, hombres, adolescentes, mujeres con niños en brazo… resuenan en medio de las montañas de la selva Lacandona, en Chiapas, casi en la frontera con Guatemala.

Es agosto de 2013, el acto más ceremonial de los tres días de fiesta en La Realidad, “la madre de todos los sueños”, el lugar nació hace diez años el primer ‘caracol’, las entidades de gestión creadas por los zapatistas una década después del alzamiento militar de enero de 1994, cuando, ante el incumplimiento de los acuerdos de paz de San Andrés de derechos indígenas (1996) optaron por actuar por su cuenta y organizar gobiernos autónomos que funcionaran al margen del estado mexicano.

También es el único acto que invita a recordar que el EZLN es todavía una guerrilla alzada en armas. Sus miembros podrían estar entre los participantes de la fiesta o en medio de la selva. Solo hay sonrisas silenciosas si alguien pregunta. Pero por si acaso, en La Realidad, donde solo hay un puñado de forasteros participando de la fiesta, no están permitidas las fotografías.

En el caracol de Oventic, sin embargo, donde llegaron muchas más personas de fuera, se impone mantener siempre puesto el pasamontañas o su tradicional pañuelo, por motivos de seguridad. Y allí se lanza un mensaje más medíatico de crítica a las políticas del gobierno federal y estatal. “La militarización y paramilitarización de todos los territorios indígenas está trayendo más inseguridad, terror, miedo y descontento para nuestros pueblos que no están conformes con ver a nuestras comunidades invadidas por miles de federales, militares y paramilitares que respaldan la violación de derechos humanos”, dice en Oventic una mujer zapatista de cara cubierta.

La indignación es un sentimiento muy presente entre los zapatistas. Lo hicieron sentir en la manifestación que protagonizaron en diciembre de 2012, cuando miles de ellos bajaron a las cabeceras municipales, como un gran ejército silencioso pero organizado, una llamada de atención que demotró a todos que siguen ahí y tienen fuerza. “Fue muy emocionante y se organizó bien rápido, teníamos que dejarnos oír, aunque fuera en silencio”, recuerda Juan en La Realidad. Fue entonces cuando el subcomandante Marcos reapareció vía comunicados tras un año de silencio y anunció que ahora la estrategia sería reforzar las acciones a través de la sociedad civil. Y una está a punto de comenzar justo cuando acaben las celebraciones, ‘la escuelita’, un curso en que los zapatistas explicarán su pensamiento, sus proyectos, su organización y su vida a casi 2000 mexicanos y extranjeros de distintas organizaciones, algo para lo que todas las comunidades llevan preparándose desde marzo.

“Un día como hoy pero de 2003 nacieron los caracoles y las Juntas del Buen Gobierno (JBG), nuestras instanacias máximas, donde ejercemos la verdadera libertad, la verdadera democracia, la verdadera justicia porque aquí el pueblo manda y el gobierno obecede, no como han venido haciendo los malos gobiernos desde hace 500 años”, dice un representante de la JBG de La Realidad desde el escenario. “Hace diez años que dejamos de ser parte del sistema capitalista y comenzamos a gobernarnos nosotros mismos y eso es tan fuerte que ya nadie podrá detenerlo“.

El discurso es en castellano, la lengua franca de los zapatistas, un movimiento que reune indígenas de muchas comunidades con lenguas muy distintas: man, tojolabal, tzotzil, chol….

Poco después empieza el baile pese a la lluvia y el fango. Pero hasta ese momento, no han dejado de trabajar ni un segundo. Organizados de forma democrática, asamblearia y rotativa (todos el mundo pasa por todos los puestos alguna vez) los integrantes de la Junta aprovecharon los festejos para rendir cuentas semestrales, unos informes que para alguien que llegue de fuera pueden resultar tediosos por lo detallados que son pero que demuestran el minucioso control que tienen las JBG de toda su administración. “Sí es cansado pero hay que hacerlo”, reconoce una mujer.

Así, toda la comunidad escucha los resultados de su sistema de créditos y cuando debe o ha pagado cada persona; se entera de en qué ocasiones ha tenido que actuar la comisión de justicia y porqué; de los beneficios de la última cosecha de café; sabe cuánto se ha gastado en compra de medicinas en cada clínina, o en libros para las escuelas, o para arreglar uno de sus camiones. “Al pricipio sí fue complicado pero ahora funciona todo mucho mejor“, explica Juan, uno de los miembros de La Realidad.

La estructura zapatista se basa en el autoabastecimiento y una de sus principales fuentes de ingresos, al margen de las donaciones, es el café, que venden mediante comercio informal a través de ONG nacionales o extranjeras o que compran los ‘coyotes’ para luego revenderlo. Pero, lógicamente, sus carencias son muchas. Su sistema sanitario, por ejemplo, se basa en una medicina preventiva que ha sido muy eficaz, dicen todos, y también cuentan con clínicas y un hospital donde las donaciones se convierten en algo básico y las carencias son muchas. “Solo tenemos un frasco de antídoto para mordeduras de serpiente y suele haber una al mes”, dice el promotor de Salud en la clínica de La Realidad.

La música del grupo “Los dragones de la selva” estuvo tocando toda la noche, lloviera o no. Al amanecer, todos vuelven al trabajo. Del subcomandante Marcos o la comandancia del EZLN no hubo ni rastro -al menos aparente- solo los omnipresentes dibujos que están en todos los caracoles junto a los de Emiliano Zapata o el Ché. “Tal vez para la fiesta del 20 aniversario del alzamiento, en enero”, dice burlón un hombre a algo que solo los forasteros se preguntan, porque para ellos, Marcos son todos.